Parece ser que a mi cámara no le hace mucha gracia el arte del Greco, por lo que sólo pude salvar las fotos en las que la catedral cambiaba de color...
No obstante, no tienen desperdicio, ya que mi catedral toledana me parece una joya, ya sea en azul, en rosa o en verde pistacho...
Ahi queda una pequeña muestra de una noche de luz, color, música y muchas lágrimas de emoción...
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